Psicología: Cuidado con la subjetividad

Psicología: Cuidado con la subjetividad

Está claro que el ser humano observa cualquier situación desde el prisma de la subjetividad del yo. Es decir, puede que un mismo hecho sea interpretado de forma muy diferente por dos personas que han protagonizado y compartido un momento en común.

De la riqueza de dicha subjetividad surgen nuevos matices y nuevas formas de entender el mundo. Sin embargo, conviene tener mucho cuidado ya que también existe la posibilidad de que una persona termine totalmente alejada de la realidad, no tenga los pies en el suelo como consecuencia de su exceso de imaginación y su capacidad de soñar sin límites.

Sin embargo, en esencia, la objetividad absoluta no existe ni siquiera en periodismo. Para una persona es imposible despegarse totalmente del modo de ver las cosas, de sus valores y de su momento vital. Es posible ir trabajando dicha objetividad, sin embargo, nunca será absoluta.

Existe un momento de la vida en donde al ser humano le resulta más difícil que nunca ser objetivo: cuando se enamora. Es decir, cuando alguien tiene el corazón ocupado y se encuentra en la etapa inicial del sentimiento, entonces, la interpretación es libre, y el deseo y las expectativas hacen que muchas veces, haya enamorados que fantasean demasiado, se adelantan a los acontecimientos y crean una gran historia a partir de hechos que no dan tanto de sí.

Por ello, luego viene el dolor, la decepción y el sufrimiento. Lo peor es que muchas de las personas que son muy enamoradizas, no aprenden nunca a poner límites a la emoción y al sentimiento. Por ello, pueden sufrir más de un duro golpe emocional en su vida. Conviene recordar que no es bueno entregar el corazón cuando no hay motivos suficientes para hacerlo. Es decir, debes protegerte y cuidar de ti para que nadie juegue con tus sentimientos ya que en ocasiones, las apariencias engañan y existen príncipes azules que se convierten en rana.

Sin embargo, la realidad es que la subjetividad aporta riqueza emocional a tu vida. De hecho, al ser humano le resulta imposible renunciar a su propio modo de ver las cosas.

Imagen: Publimetro

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